En la universidad, en mi época de insomnio recuerdo que uno de los primeros juegos que compré para mi ya vieja Playstation 1 fue Silent Hill, lo jugué, sin pena ni gloria, pues para mi gusto era un juego terrorífico, y no tanto por mostrar gore o sadismo, si no por lo que no podías ver, Harry Mason pierde a su hija y se dedica a buscarla en una ciudad fantasma que quedó vacía, en ruinas y llena de niebla en el dia, en la noche la lampara te da una visión limitada y el radio emite estatica cuando hay un ente cerca del perimetro, no puedes verlos, pero ahi estan, ocultos en donde no puedes ver.
Tiempo después, compre la primera Xbox, y fue un año en que el insomnio se volvio doloroso, casi como el protagonista de Fight Club, dormía poco, iba a la escuela, aprendí a manejar pero tambien salio para esa consola Silent Hill 2, y entonces el terror me encantó mas, Donald Sutherland recibe una carta de su mujer diciéndole que le espera en el pueblo abandonado de Silent Hill, el problema es que su esposa, Mary tiene 3 años muerta.
Donald llega al pueblo en medio de la niebla, sin armas, mas que una radio pequeña y un mapa del pueblo, el radio tambien emite estatica cuando hay un enemigo cerca, pero el motor grafico fue mejorado por lo que los efectos de luz y oscuridad son mejores que en el anterior juego.
Otro elemento importante fue la musica, compuesta por el multiinstrumentalista Akira Yamaoka, un japonesito chistoson que lo mismo toca el bajo, la guitarra, el piano, percusiones y otros instrumentos, creando un ambiente tetrico y melancolico.
Digo todo esto a raíz de que estoy jugando la penúltima entrega del juego: Silent Hill, Homecoming, de hecho soy tan fan que compré la PSP nada mas por Silent Hill: origins y en esta entrega los enemigos son mas inteligentes: esquivan, te emboscan, te flanquean y tratan siempre de colocar al jugador en desventaja.
Se pone densa la cosa cuando son demasiados enemigos, pero como siempre hay personajes que llegan al sitio por una carga psicologica fuerte, en este caso Alex Shepard vuelve a casa despues de una guerra (Irak? Afghanistan?, Chechenia?]) buscando a su hermano adolescente quien se ha quedado solo despues de que sus padres murieron. Alex decide buscarlo pero no toma en cuenta que encontrara enemigos sacados de sus pesadillas, quiza tambien el tiene remordimientos de lo que hizo en la guerra y tiene su Irak personal en la ciudad, quizá su hermano al final no es tan inocente como él pensaba y tuvo mucho que ver en la muerte de los padres.
Aunque todos los juegos tienen diferentes finales, creo que esta ultima entrega es la que tiene una carga emotiva mayor a las anteriores, un veterano de guerra, un adolescente abusado sin saber de qué forma y el jugador es testigo de sus pecados.
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viernes, 18 de febrero de 2011
jueves, 16 de julio de 2009
Del Insomnio...
Hace cuatro años estaba a mediados de la universidad, en un año que fue extremadamente raro.
Raro porque dormia apenas un par de horas y el resto del dia estaba despierto, iba a la uni por 4 horas y volvia.
Tenia la la mañana y la madrugada libre.
Cuando tienes insomnio como el que tuve, nada es completamente real, no sabes si estas completamente dormido o completamente despierto, esa sensacion de cansancio nunca se va, comes demasiado, te hidratas demasiado y en mi caso, fumaba demasiado.
Casi todos los recuerdos de aquella epoca son como si viera a traves de un cristal borroso, y son confusos porque tu cerebro esta tan dañado que mezcla fantasias con cosas reales, y ambas son tomadas en cuenta como veridicas.
Recuerdo una vez, a las 4 de la mañana jugando Silent Hill 2.
Era tal la confusion que sentia que de noche la ciudad era similar, por mi insomnio y por andar en la calle a esa hora, en mi colonia claro, viendo el tiempo detenerse.
Otra vez recuerdo a un gato, (influido tal vez por alicia en el pais de las maravillas) que me saludaba por la ventana del cuarto en el que en este momento escribo.
Tambien fue en esos dias, ya al final y bajo un tratamiento de ejercicio y chicle de valeriana que aprendi a manejar, y donde vi las cosas que uno veria en la ciudad a altas horas de la madrugada.
Fue un año solo, un par de amistades y muchos libros.
Ahora en vacaciones, quiero sentir esa sensación, pero la soledad se fue, son solo vacaciones.
(me terminé 28 veces ese Silent Hill...)
Raro porque dormia apenas un par de horas y el resto del dia estaba despierto, iba a la uni por 4 horas y volvia.
Tenia la la mañana y la madrugada libre.
Cuando tienes insomnio como el que tuve, nada es completamente real, no sabes si estas completamente dormido o completamente despierto, esa sensacion de cansancio nunca se va, comes demasiado, te hidratas demasiado y en mi caso, fumaba demasiado.
Casi todos los recuerdos de aquella epoca son como si viera a traves de un cristal borroso, y son confusos porque tu cerebro esta tan dañado que mezcla fantasias con cosas reales, y ambas son tomadas en cuenta como veridicas.
Recuerdo una vez, a las 4 de la mañana jugando Silent Hill 2.
Era tal la confusion que sentia que de noche la ciudad era similar, por mi insomnio y por andar en la calle a esa hora, en mi colonia claro, viendo el tiempo detenerse.
Otra vez recuerdo a un gato, (influido tal vez por alicia en el pais de las maravillas) que me saludaba por la ventana del cuarto en el que en este momento escribo.
Tambien fue en esos dias, ya al final y bajo un tratamiento de ejercicio y chicle de valeriana que aprendi a manejar, y donde vi las cosas que uno veria en la ciudad a altas horas de la madrugada.
Fue un año solo, un par de amistades y muchos libros.
Ahora en vacaciones, quiero sentir esa sensación, pero la soledad se fue, son solo vacaciones.
(me terminé 28 veces ese Silent Hill...)
miércoles, 13 de mayo de 2009
Casi me estampo cuando a la mitad de la calle al manejar apenas y noté que no habia nada, la calle estaba cortada como si se tratar de un trozo de pastel.
Me bajé, puse las luces intermitentes y cual no sería mi sorpresa al ver que la defensa del coche estaba a unos centimetros de aquel enorme barranco.
Del otro lado no habia nada, la oscuridad se tragaba las luces del coche y no se podia ver tampoco que tan profundo era el foso.
Intenté arrancar el auto y no funcionó.
Me quedaría ahí. Esperando, ni loco comenzaba otra historia de Silent Hill.
Me bajé, puse las luces intermitentes y cual no sería mi sorpresa al ver que la defensa del coche estaba a unos centimetros de aquel enorme barranco.
Del otro lado no habia nada, la oscuridad se tragaba las luces del coche y no se podia ver tampoco que tan profundo era el foso.
Intenté arrancar el auto y no funcionó.
Me quedaría ahí. Esperando, ni loco comenzaba otra historia de Silent Hill.
sábado, 2 de mayo de 2009
Music by: Akira Yamaoka: Silent Hill theme
Voy a tratar de hacer esto simple, y al contarlo espero explicarlo a mí mismo también, ya que hay partes que no recuerdo y el sentido de los sucesos se pierde en mi memoria.
Ya era muy tarde, alrededor de las tres de la mañana del lunes y me dirigía a casa. Conducía sólo por la avenida. De pronto las luminarias se apagaron. A pesar de estar en la ciudad la oscuridad era ominosa. Como no había un sólo auto alrededor, prendí las luces altas, justo a tiempo para ver una zanja excavada en medio de la calle. No había señales, no había tránsito, no había nada, solo la luz del carro. Alcancé a frenar. Puse las intermitentes. No había otro camino visible, y me bajé a tomar unas fotografías. Cuando regresé al auto, este no encendió. Como acababa de sacarlo del taller, supuse que me lo habían dejado mal. Ni modo.
El problema era que no había manera de llamarle a alguien que me asistiera. Salvo caminar y encontrar un teléfono; así que me fui caminando por una vereda, que yo creí conducía a Las Animas
Pero nada... Después de una hora de camino, me di cuenta por fin de que estaba en tierra de nadie: el suelo se tornaba cada vez más agreste y lo peor: la lluvia empezaba a caer con fuerza. No tenía donde protegerme del aguacero creciente. Era regresar al auto o esperar algo más. Decidí regresar.
Media hora después, acepté que me había perdido: la vereda que me trajo no estaba más allí. Pero desde donde me encontraba alcancé a ver una construcción de concreto a lo lejos; aunque fuera una casa abandonada, me serviría de resguardo hasta que escampara. Me estaba muriendo de frío pero ya estaba tan cerca que me obligué a seguir caminando. TJ. me hubiera matado de saber en la que me había metido.
Me empezó a dar miedo cuando pensé en eso, en mi situación. Estaba perdido en un lugar desconocido, no podía ver nada porque no había ninguna luz, salvo ocasionales aberturas en las nubes negras que dejaban ver la luna; la lluvia arreciaba a cada minuto, estaba mojado hasta los huesos y comenzaba a sentir mis miembros entumidos.
Cuando llegué a la casa ya no podía más. Le digo casa, pero no era más que un cuarto de adobe con una ventana tapiada y una puerta de madera. Una puerta cerrada.
-Hola! Hola!
Nadie contestó. Seguro que podría tumbarla... Y carajo, ya estaba cansado, pero no tenía opción: como en las películas, un poco de vuelo y contra mi hombro. La puerta no cedió.
-Quién vive? -Preguntó desde adentro una voz seca y enferma.
Me quedé mudo unos seguntos: la sangre se me bajó a los pies y me sentí mareado. Lo último que hubiera esperado escuchar en esta situación era una voz como aquella. Me acabó de helar.
-Me llamo A Q!! Grité de vuelta, y me dio pena escuchar mi propia voz quebrarse al contestar automáticamente.
-Qué quieres aquí?
-Quiero... -Y entonces dudé. La verdad ya no quería entrar. Casi prefería volver el camino andado. Hubiera querido nunca abandonar mi auto, me siento seguro en él. No dije nada más. Oí ruidos metálicos detrás de la puerta. Alguien estaba quitando un candado. El cerrojo calló al piso y la puerta se abrió.
No podía ver nada. El interior estaba, si fuera posible, más oscuro que el exterior. Pero en ese momento un relámpago iluminó tódo el ámbito, y lo ví.
No había nada en el cuarto con piso de tierra. No había nada en el aire enrarecido, nada ni nadie, sólo él. Un cuerpo putrefacto colgado de la única viga en el recinto.
Un suicida. Un maldito.
Nunca en mi vida he sentido tanto horror como en esos momentos. Era una situación imposible. Aún después de tanta mierda que he vivido... me sentí desvanecer.
No sé cuanto tiempo pasé inconsciente, pero cuando desperté estaba amaneciendo. No podía levantarme , me dolía todo, había cogido un resfriado. Se acercó por el camino un señor a caballo, y cuando me vió se apresuró a galope; se apeó y me atendió.
-Que hace aquí? -Preguntó muy asustado mientras me ayudaba a incorporarme. -Está usté bien?
No pude contestar. Me ayudó a subir al caballo y nos llevó rápidamente lejos de allí.
-Mira que venir a tocar a la casa del colgado. -Dijo, y luego se santiguó.
Voy a tratar de hacer esto simple, y al contarlo espero explicarlo a mí mismo también, ya que hay partes que no recuerdo y el sentido de los sucesos se pierde en mi memoria.
Ya era muy tarde, alrededor de las tres de la mañana del lunes y me dirigía a casa. Conducía sólo por la avenida. De pronto las luminarias se apagaron. A pesar de estar en la ciudad la oscuridad era ominosa. Como no había un sólo auto alrededor, prendí las luces altas, justo a tiempo para ver una zanja excavada en medio de la calle. No había señales, no había tránsito, no había nada, solo la luz del carro. Alcancé a frenar. Puse las intermitentes. No había otro camino visible, y me bajé a tomar unas fotografías. Cuando regresé al auto, este no encendió. Como acababa de sacarlo del taller, supuse que me lo habían dejado mal. Ni modo.
El problema era que no había manera de llamarle a alguien que me asistiera. Salvo caminar y encontrar un teléfono; así que me fui caminando por una vereda, que yo creí conducía a Las Animas
Pero nada... Después de una hora de camino, me di cuenta por fin de que estaba en tierra de nadie: el suelo se tornaba cada vez más agreste y lo peor: la lluvia empezaba a caer con fuerza. No tenía donde protegerme del aguacero creciente. Era regresar al auto o esperar algo más. Decidí regresar.
Media hora después, acepté que me había perdido: la vereda que me trajo no estaba más allí. Pero desde donde me encontraba alcancé a ver una construcción de concreto a lo lejos; aunque fuera una casa abandonada, me serviría de resguardo hasta que escampara. Me estaba muriendo de frío pero ya estaba tan cerca que me obligué a seguir caminando. TJ. me hubiera matado de saber en la que me había metido.
Me empezó a dar miedo cuando pensé en eso, en mi situación. Estaba perdido en un lugar desconocido, no podía ver nada porque no había ninguna luz, salvo ocasionales aberturas en las nubes negras que dejaban ver la luna; la lluvia arreciaba a cada minuto, estaba mojado hasta los huesos y comenzaba a sentir mis miembros entumidos.
Cuando llegué a la casa ya no podía más. Le digo casa, pero no era más que un cuarto de adobe con una ventana tapiada y una puerta de madera. Una puerta cerrada.
-Hola! Hola!
Nadie contestó. Seguro que podría tumbarla... Y carajo, ya estaba cansado, pero no tenía opción: como en las películas, un poco de vuelo y contra mi hombro. La puerta no cedió.
-Quién vive? -Preguntó desde adentro una voz seca y enferma.
Me quedé mudo unos seguntos: la sangre se me bajó a los pies y me sentí mareado. Lo último que hubiera esperado escuchar en esta situación era una voz como aquella. Me acabó de helar.
-Me llamo A Q!! Grité de vuelta, y me dio pena escuchar mi propia voz quebrarse al contestar automáticamente.
-Qué quieres aquí?
-Quiero... -Y entonces dudé. La verdad ya no quería entrar. Casi prefería volver el camino andado. Hubiera querido nunca abandonar mi auto, me siento seguro en él. No dije nada más. Oí ruidos metálicos detrás de la puerta. Alguien estaba quitando un candado. El cerrojo calló al piso y la puerta se abrió.
No podía ver nada. El interior estaba, si fuera posible, más oscuro que el exterior. Pero en ese momento un relámpago iluminó tódo el ámbito, y lo ví.
No había nada en el cuarto con piso de tierra. No había nada en el aire enrarecido, nada ni nadie, sólo él. Un cuerpo putrefacto colgado de la única viga en el recinto.
Un suicida. Un maldito.
Nunca en mi vida he sentido tanto horror como en esos momentos. Era una situación imposible. Aún después de tanta mierda que he vivido... me sentí desvanecer.
No sé cuanto tiempo pasé inconsciente, pero cuando desperté estaba amaneciendo. No podía levantarme , me dolía todo, había cogido un resfriado. Se acercó por el camino un señor a caballo, y cuando me vió se apresuró a galope; se apeó y me atendió.
-Que hace aquí? -Preguntó muy asustado mientras me ayudaba a incorporarme. -Está usté bien?
No pude contestar. Me ayudó a subir al caballo y nos llevó rápidamente lejos de allí.
-Mira que venir a tocar a la casa del colgado. -Dijo, y luego se santiguó.
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